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Año VI

i.° de Noviembre de 1924

Núm. 133

Mensajero

Valdense

Periódico quincenal de estudios y eco de las colonias valdenses del Río de la Plata

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wtOGlCAL

SUMARIO

Meditación. «Y fueron todos llenos del Espíritu Santo». La abogacía de Cristo. Una interesantísima carta de nuestro delegado al Síno¬ do, señor Enrique Beux. Pensa¬ mientos. Sección de las Uniones Cristianas . Página infantil . Ecos del Uruguay.

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Administrador: EMILIO ROLAND COLONIA VALDENSE - URUGUAY

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Imp. «El Si 'lo [lustrado» de Risso & Ayala San Josi5 938.— MONTE VIDEO

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Montevideo Emilio Armand Ugón Mi¬ guel Barreiro 3272 (Pocitos).

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BUENOS AIRES

Año VI

1." de Noviembre de 192A

IV ú ni. 133

Mensajero Valdense

Director: LEVY TRON, J. Arauz (F. C. P.) R. Argentina Redactor: ERNESTO TRON— Colonia Valdense (Uruguay)

PERMANENTE

A nuestros lectores y corresponsales

Al señor Ernesto Tron , Redactor ( Co¬ lonia Valdense, Uruguay) envíense los artículos editoriales y las noticias del Uruguay, de modo que lleguen a Colonia Valdense antes clel 10 y clel 25 de cada mes.

Ai señor Levy Tron, Director, envíen¬ se las noticias de la Argentina. Jacinto Arauz (F. C. P. ) Pampa Central.

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Un año. . . $ 2.50 o/u. $ 6.00 m/n. s> semestre. » 1.25 » » 3.00 »

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Los pastores, ministras evangélicos, la mitad de estos precios.

N. B. El importe de la suscripción debe remitirse al Agente más próximo, directamente, o por el correo, de una de las siguientes maneras: en ilinéro (valor declarado), por giro postal o bancario. Véase la nómina de los Agentes en la parte interior de la tapa.

MEDITACION

“De más estima es la bue¬ na fama, que las muchas ri¬ quezas, y la buena gracia más que la plata y el oro.” (Tex¬ to : Proverbios 22, 1 ) .

l.° La gloria es poca cosa; lo importante para el hombre es ha¬ cer el bien.

Desnudos vinimos al mundo y desnudos nos iremos de él. Nada llevaremos ni podemos llevar.

Es suficiente que tengamos con que alimentarnos y vestirnos. “No rae des ni pobreza ni riqueza, dice el sabio, riqueza para que no te olvide, ni pobreza para que no murmure.”

Esta sabia máxima, que suena mal al oído del hombre carnal, es¬ basada en la palabra de Dios y toma de ella su autoridad.

2.° Por medio del trabajo dia¬ rio, debe el hombre proveer a sus necesidades y a las de su familia, y las verdaderas necesidades se encierran en límites bastante res¬ tringidos, cuando se reducen a lo estrictamente necesario; la Con¬ fianza en nuestro Padre Celestial no nos faltará. Él que sabe cuáles son nuestras necesidades, mejor que nosotros, no nos abandona. Él, que alimenta las aves del cielo y viste los lirios del campo, nos da¬ a nosotros lo que necesitamos, por cuanto valemos mucho más que todos ellos.

3. 2 Trabajemos y dejemos que el Todopoderoso haga fructificar nuestro trabajo y que la Divina Providencia nos el resultado. Nuestros hijos trabajarán tam¬ bién cuando les llegue el turno. Es¬ peremos en Dios, para ellos como para nosotros ; es el pan de cada día lo que precisamos, más moti¬ vos tendremos para bendecirle y

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podremos dar a los que carecen de lo necesario, cumpliendo así la divina ley del Evangelio.

4. ° Las personas que nos tienden sus manos en son de súplica y a quienes podemos auxiliar, son nuestros semejantes , son nuestros hermanos, descendientes de Adán como nosotros, llamados, como nosotros, a participar del reino de los cielos, donde no liay distincio¬ nes y donde los postreros podrán ser los primeros. No desprecie¬ mos, pues, a nadie. Miremos a to¬ do ser humano como a uno tan precioso como nosotros a los ojos de Dios, compañero de peregrina¬ ción, destinado a ser compañero nuestro en la eternidad bienaven¬ turada. Siendo así , ¿podemos, aca¬ so, menospreciar a nuestros se¬ mejantes, unidos con nosotros por tan íntimos lazos, por lazos tan sagrados !

5. ° Si Dios nos hace prosperar y nos colma de bienes más de lo que necesitamos, debemos considerar¬ nos como depositarios de ellos, como simples administradores de los dones de su Providencia uni¬ versal. El sentimiento de este de¬ ber no se ha despertado aún en nosotros, o no se ha posesionado suficientemente de nosotros, y no aprepiamos en su justo valor la misión, grande y noble, que Dios nos ha confiado, de ser sus repre¬ sentantes aquí en la tierra. Olvi¬ damos que interesar a los desam¬ parados en los resultados de nues¬ tros negocios, es interesar a Dios mismo y devolver así, por medio de ellos, a Jesús, una pequeña par¬ te de lo mucho que le debemos.

Lejos de nosotros, pues, el egoís¬

mo que amontona riquezas, y la avaricia, ese amor al dinero que es verdadera idolatría. Enrique¬ ceremos con lo que habremos da¬ do. Y, si sucede que seamos pro¬ bados por la adversidad, no ha¬ bremos perdido sino bienes pasa¬ deros; la riqueza esencial , la ri¬ queza de Dios nos queda , amplia y gloriosa compensación en la vi¬ da venidera, de todas las mayo¬ res privaciones de la vida presen¬ te. El cristiano, por otra parte, sabe que Dios cree necesario en¬ viarle pruebas materiales. Él le ayudará a salir de ellas airoso y contento.

6. " A cada día su congoja; el pan cotidiano con la paz del alma fundada sobre el testimonio de una' buena conciencia, he ahí lo esencial; el hombre debe entrar a su hogar, para gozar en él del dul¬ ce bienestar que sólo proporciona la felicidad de la familia, sin lle¬ var consigo las preocupaciones de los negocios. Debe aprender a conformarse con el jornal que sa¬ tisface las necesidades presentes para él y para los suyos, y una prudente reserva para el futuro, y no entregar su alma al deseo desmedido de las riquezas, fuente perpetua de agitaciones, de in¬ quietudes y de noches de insom¬ nio.

7. ° Si atendiéramos las enseñan¬ zas de la verdadera sabiduría, traeríamos a menudo a nuestra mente este gran pensamiento: que la existencia terrestre no es sino un tiempo de preparación para la verdadera existencia, encarando siempre la eternidad como el fin de todas las penas y alegrías de

MENSAJERO VALDENSE

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esta vida. Persuadidos de que to¬ do termina pronto, buscaríamos nuestra paz en un lugar más ele¬ vado de reposo, adonde no llegan . las miserias humanas. Lo inipor-. tan f e para nosotros sería agradar a Dios en cualquier circunstancia y condición en que nos encontre¬ mos, y en todas nuestras relacio¬ nes con los hombres. El adiós , en¬ tonces, pronunciado a la hora de nuestra muerte, no será más que una cita llena de esperanza, dada para el más allá de la tumba, en la patria celestial.

y

J. P. GrONMET.

•‘Y FUERON TODOS LLENOS DEL ESPIRITU SANTO”

(Hechos: 2, 4).

Era el 50.2 día después de la Re¬ surrección y los discípulos esta¬ ban en el aposento alto, cuando vi¬ no sobre ellos el Espíritu y se cumplió “la promesa del Padre”. Fue en ese día, Pentecostés, que nació la Iglesia Cristiana, la fa¬ milia espiritual de Dios. Desde en¬ tonces empieza una nueva econo¬ mía en la historia de la humani¬ dad. El Espíritu no es más el pri¬ vilegio de algunas personas, a quienes fue dado para un fin de¬ terminado, sino de todos y para siempre. Animados por el Espíri¬ tu Santo los discípulos se trans¬ forman en apóstoles y mártires. Una nueva fuerza se apodera de ellos, los regenera, y experimen¬ tan lo que es nacer de nuevo. Es un bautizo verdadero el que reci¬

ben ahora, el bautismo del “espí¬ ritu y fuego”, anunciado por el Precursor. El nuevo nacimiento del que Jesús habió a Nicodemo, sin el cual nadie puede entrar en el Reino de Dios.

Que la efusión del Espíritu ha¬ ya sido todo eso, lo demuestra el estudio de los Hechos, de esa pri¬ mera página de la historia del Cristianismo. A cada paso nos en¬ contramos con algo de extraordi¬ nario. Pedro, que había renegado a su Maestro, se ha vuelto ahora una verdadera piedra en su fir¬ meza apostólica. Ese milagro fue la obra del Espíritu.

¡Lector! ¿Has recibido ese bau¬ tizo! Si no es así, pídelo, porque sin él no podrás ser un miembro viviente de la Iglesia y quedarás afuera del Reino de Dios

LA ABOGACÍA DE CRISTO

(1 Juan 2: 1).

c.

El asunto de la “Abogacía de Cristo ”, se relaciona con la pre¬ sencia de El, como Hombre, en la gloria del Padre, y será bueno, por lo tanto, que pensemos un mo¬ mento en lo que leemos acerca de Su ascensión y entrada allá.

Los cuatro Evangelios nos ha¬ blan de la resurrección de Cristo, mas es solamente en los de San Marcos y de San Lucas que lee¬ mos de Su ascensión; y es apenas Marcos que recuerda el hecho de estar Cristo sentado en la gloria celeste. Dice él: “Y el Señor, des¬ pués quedes habló, fué recibido

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arriba en el cielo, y sentóse a la diestra de Dios” (Mar. 16:19). Este hecho está en perfecta ar¬ monía con el tema del Evangelio de San Marcos, que es, Cristo en su carácter de Siervo Perfecto; pues vérnosle ahora sentado en los cielos, por un lado, cooperando con sus siervos aquí, y, por otro, hecho el “Ministro del santuario” allí (Heb. 8:1,2).

En su segundo libro, uLos Hechos de los Apóstoles” , San Lucas agrega a lo que narró en su Evangelio acerca de la ascensión de Cristo, las siguientes memora¬ bles palabras: 4 4 Viéndolo ellos, fue alzado ; v una nube le recibió y le quitó de sus ojos” (Hechos 1:9).

Viéndolo ellos”, escribió Lu¬ cas. Sí, los apóstoles le vieron ir, subiendo en los aires, y “fue re¬ cibido arriba ”. Un poco más tar¬ de Esteban, el promártir del Cris¬ tianismo, vio “a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55), y el apóstol Pablo también le vio, y oyó su voz hablándole desde el cielo; y más tarde aún fué Juan, el vidente de Patmos, quien por causa de su fidelidad al Señor, le vió y oyó su voz ; y des¬ de entonces hasta nuestros días un sinnúmero de testigos han afir¬ mado que el Cristo viviente y glo¬ rificado se ha revelado a sus al¬ mas, y nosotros también damos nuesíro testimonio por el Espíri¬ tu Santo, que Cristo vive en la gloria de Dios.

La primera mención que halla¬ mos en las Epístolas apostólicas de Cristo, que está a la diestra de Dios, encuéntrase en la Epístola

VALLENSE » /

a los R o m a n o s, capítulo 8: “¿Quién es el que condenará! Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien, además, está a la diestra de Dios, el que también intercede por nos¬ otros” (Ver. 34). Estas palabras nos revelan el hecho del ministe¬ rio celeste del Señor v nos seña- lan su carácter. Está allí, no con los brazos cruzados, mas, por así decir, con las manos levantadas, intercediendo. Aquel que hace si¬ glos murió por nosotros, hoy vive para servirnos aún.

Leyendo en la Epístola a los Hebreos y en la primera de San Juan hallamos dos de las princi¬ pales fases del ministerio de Cris¬ to en el cielo, y que se relacionan respectivamente con él en su ca¬ rácter de Sumo Sacerdote y de Abogado. La primera nos eg pre¬ sentada detalladamente en una ex¬ posición que ocupa algunos capí¬ tulos; la segunda se nos presenta en un pasaje de pocas palabras, mas llenas de divino consuelo pa¬ ra toda alma creyente: “Si algu¬ no hubiere pecado , abogado tene¬ mos para con el Padre , a Jesucris¬ to el justo ; y él es la propiciación por nuestros pecados , y no sola¬ mente por los nuestros , sino tam¬ bién por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1,2).

El escritor de la Epístola a los hebreos, y el apóstol Juan en su primer epístola, escriben desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, en la epístola a los He¬ breos el pecado es considerado principalmente desde el punto de vista de su carácter inmundo, en cuanto que el apóstol Juan mira

MENSAJERO Y ALEENSE

333

el pecado como iniquidad o insu¬ bordinación a la voluntad de Dios. La Epístola a los Hebreos nos enseña que el pecado, como cosa inmunda, impide que nos aproximemos a un Dios santo ; la epístola de Juan, por otro lado, considera el pecado como un im¬ pedimento al gozo de la comunión con el Padre.

En la Epístola a los Hebreos, el creyente es considerado como siendo miembro de un pueblo san¬ to y peregrino, que ha sido llama¬ do por una vocación celeste y pa¬ ra adorar al Dios vivo. En la Epístola de Juan lo vemos como perteneciendo a la familia de Dios y disfrutando privilegios en ínti¬ ma comunión y amor filial, pro¬ pios de tal posición.

En la Epístola a los Hebreos, la Cruz de Cristo no es presenta¬ da como aquélla en la cual se hi¬ zo de una vez la purificación de los pecados ; en la Epístola de Juan vemos que, debido a aquella cruz, Cristo es la propiciación por nuestros pecados ; y en pleno acuerdo con estos dos puntos de vista, tenemos a Cristo presenta¬ do respectivamente como Sumo Sacerdote v como Abogado.

El Sumo Sacerdote administra socorro adecuado a las eaiferme- dades de los peregrinos y los sus¬ tenta en su culto en el santuario, en el lugar santísimo; el Abogado

Si decimos :

1.a Que tenemos comunión con El y andamos en tinieblas (v. 6).

asegura al pueblo de Dios sus pri¬ vilegios como hijos en la familia de Dios; y, cuando el goce de es¬ tos privilegios haya sido inte¬ rrumpido por la práctica de cual¬ quier pecado, El trata de restable¬ cer la comunión perdida.

En una palabra, el Sumo Sa¬ cerdote sustenta el peregrino y el Abogado restaura al hijo desobe¬ diente.

El Servicio del Abogado y la Comunión. El apóstol Juan, en la parte de su Epístola que inme¬ diatamente precede al pasaje que estamos considerando, indica la única base sobre la cual el creyen¬ te puede disfrutar el gozo de co¬ munión con Dios. Censura seve¬ ramente la presunción loca que se atreve: 1.a a permitir cualquier pecado en la vida, 2." a negar el hecho de poseer una naturaleza pecaminosa, 3.a a negar que haya cometido pesado. En contraste con tales afirmaciones presuntuosas, él nos muestra que sólo es posible disfrutar la comunión con Dios, que trae la plenitud de gozo, en resultado de la sangre derramada que purifica de todo pecado y del servicio de nuestro Abogado, Je¬ sucristo el Justo, que es la propi¬ ciación por nuestros pecados.

Para comprender mejor el men¬ saje apostólico, vamos a conside¬ rarlo en la siguiente forma (1 Juan 1:6 a 2:1).

Dios dices,

í.° Que mentimos y no practica¬ mos la verdad.

334

MENSAJERO VALDENSE

2." Que estamos sin pecado (v. 8).

3.2 Que no pecamos (v. 10) .

Mas en la experiencia

1. a Si anclamos en la lnz como El, en la luz está (v. 6) .

2. ° Si confesamos nuestros pe¬ cados (y. 9).

3. 9 Si alguien peca (2:1).

Leyendo estas verdades así com¬ paradas, es fácil notar que el ser¬ vicio del Abogado se relaciona con nuestra falta, con el hecho de haber pecado, y esto es muy con¬ solador para todo creyente que se halle en ese caso, pues nos mues¬ tra que el camino está abierto pa¬ ra confesar al Padre nuestros pe¬ cados, y que así haciendo, el per¬ dón nos está asegurado en virtud de la eficacia permanente y eterna de la obra y persona de Cristo y la propiciación por nuestros peca¬ dos.

El Servicio de nuestro Abogado implica actividad. La presencia de Cristo con el Padre es un he¬ cho glorioso que nos garantiza también que hemos de llegar allá en el tiempo determinado ; mas el

servicio de nuestro Abobado es al-

< >

go más que eso. El pasaje que ya citamos de Poníanos 8 echa una plena luz sobre el hecho que nos ocupa. “Cristo. . . el que está a la diestra de Dios” es el hecho de

2.9 Que nos engañamos a nos otros mismos y no hay verdad en nosotros.

3.° Que lo hacemos mentiroso y Su palabra no está en nosotros.

Dios afirma:

l.° Que tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucris¬ to, su Hijo, nos purifica de todo pecado (v. 7) .

2.2 El eS fiel y justo para perdo¬ narnos los pecados, y purificarnos de toda injusticia.

3.° Tenemos un Abogado para con el Padre, Jesucristo, el justo,

Su presencia en el trono “y también intercede por nosotros es el hecho adicional de Su mi¬ nisterio de intercesión que allí ejerce en la presencia del Padre. Las palabras “con el Padre nos lecuerdan que a pesar de haber entristecido su corazón con nues¬ tro pecado, aún así no deja de ser nuestro Padre, y que lo mismo siendo nosotros hijos desobedien¬ tes somos siempre hijos de El. Co¬ mo pecadores perdidos, alcanza¬ mos el perdón de todos nuestros pecados, desde el primero hasta el último, cuando primeramente confiamos en Cristo y Su cruz; sí, la consecuencia penal de todo fue entonces liquidada de una vez (Col. 2:13). Somos justificados de una vez para siempre delante de Dios en todo el valor y perfección de la obra redentora de Cristo. Mas en nuestro carácter de hijos de Dios, necesitamos, en toda oca¬ sión en que pequemos, del perdón de nuestro Padre, necesitamos ser

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restaurados a la luz de Su rostro, en la alegría de Su presencia, y en la plena comunión con El. Y es para alcanzar esto que nuestro Abogado se ocupa con nosotros en la perfección de Su amor y en la suficiencia de Su persona.

El Abogado o el Paracleto. La palabra traducida “Abogado” en las versiones castellanas, en el pa¬ saje de la Epístola de Juan que estamos considerando, es, en el original griego, la misma que es traducida por “Consolador” en el Evangelio del mismo apóstol ( Yréase Juan 14 :16, 26 ; 15 :2 6 ;

16:7). Son estos los únicos luga¬ res donde se encuentra esta pala¬ bra “paracleto” en el original griego del Nuevo Testamento, y todos ellos se hallan en los escri¬ tos del apóstól Juan. Ese término corresponde al latino “Advoca- tus”, esto es, uno que es llamado cerca de otro para ampararlo, asistirlo. Paracleto es, pues “uno llamado cerca de nosotros para ayudarnos”. En el Evangelio esta palabra se refiere de un modo claro al Espíritu Santo, en su mi¬ nisterio de Ensoñador, Guía y Consolador. Y del mismo modo que el Espíritu Santo el Para¬ cleto está activamente ocupa¬ do en dar cumplimiento a Su di¬ vina misión aquí en la tierra en nuestro favor, así también el Se¬ ñor Jesucristo el Paracleto en la presencia del Padre está acti¬ vamente desempeñando Su minis¬ terio en nuestro favor para con el Padre. Y ese servicio actual de

i.

nuestro “Paracleto” con el Pa¬ dre, es el fruto de aquel mismo

amor que le llevó otrora a darse a mismo por nosotros sobre la Cruz del Calvario.

Notemos las palabras: “Si al¬ guno (creyente) hubiere pecado”. Esta palabra “alguno o alguien” nos indica el carácter individual del servicio del “Paracleto”: re¬ cibimos individualmente sus cui¬ dados.

Además, notemos que no está escrito: “Si alguien se arrepin¬ tiera”, ni “si alguien confesara su pecado”; pero “si alguien hubiera pecado o pecara.” Es el hecho de que algún creyente pe¬ que, que torna necesario el servi¬ cio del Paracleto celeste, y su fin es llevarnos a la confesión de nuestros pecados, al juicio de nos¬ otros mismos, y así conseguir la restauración de la comunión inte¬ rrumpida .con el Padre. Repare¬ mos bien que no tenemos que pe¬ dir la intercesión de nuestro Pa¬ racleto, mas es El que se interesa por nuestro bien, luego que nos vea en alguna falta.

Todo esto debe hacernos sentir cuán solemne es dejar de confe¬ sar al Padre, sin demora, cual¬ quier pecado que nos pese sobre la conciencia. Procediendo así, va¬ raos agregando pecado a pecado; dejamos de corresponder al servi¬ cio del Paracleto celeste; entriste¬ cemos al Espíritu >Santo; nos va¬ mos extraviando del camino de la fe y estamos como pidiendo la dis¬ ciplina y corrección del Padre, j Ojalá velemos siempre contra cualquier comienzo de enflaqueci¬ miento espiritual y procuremos conservar siempre una conciencia

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sensible en lo que dice respecto a la comunión de nuestra alma con el Padre y con Su Hijo, Jesu¬ cristo.

El Carácter del Paracleto . Nuestro Paracleto con el Padre es Jesucristo el Justo. Es Aquel que nunca cometió pecado, que allí con el Padre representa a Sus santos que, flacos y fallando, se hallan aquí. Es de mucho interés notar que, al hablar de Cristo en Su carácter de Sumo Sacerdote, el Espíritu Santo aprecia bien la necesidad de ser El en todo seme¬ jante a Sus hermanos, esto es, de participar del pleno y perfecto carácter de la humanidad según Dios (Heb. 2:17). Mas, hablando de El como el Paracleto, el mismo Espíritu subraya el hecho de ser El diferente de aquellos que re¬ presenta y a cuyo favor El presta Su servicio.

El creyente cuando peca puede, en su tristeza, saber que tiene cer¬ ca del Padre, para tratar su caso, a Uno que es absolutamente jus¬ to, y cuyo carácter es así la ga¬ rantía del suceso de Su servicio

El es la Propiciación. La base del servicio del Paracleto hállase en esto que El es la propiciación.

s

La palabra “propiciación’’ signi¬ fica “un sacrificio para aplacar la ira o la justicia divina”. Mas aquí leemos, “El es la propicia¬ ción”; no tenemos solamente un sacrificio más de Aquel que lo ofre¬ ció; no sólo el sufrimiento, mas también Aquel que lo sufrió; no sólo la muerte, mas también Aquel que murió; y no solamente Aquel que en Su perfección se entregó a

la muerte, en ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave, mas también Aquel que vive en toda la perfec¬ ción de Su Persona y en la eter¬ na eficacia de Su obra. Sí, Ei mis¬ mo es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, dice el apóstol, mas tam¬ bién para los de todo el mundo.

Si el mundo entero se volviera en este momento a Dios en arre¬ pentimiento y fe, la Propiciación sería hallada gloriosamente sufi¬ ciente, y aplicable en sus efectos a todos. Anticipándola, Dios sopor¬ por algunos millares de años los pecados de la raza humana ; y ba¬ sado en ella El aún espera en lon¬ ganimidad, tratando con miseri¬ cordia y gracia el mundo que me¬ rece su condenación y castigo (Rom. 3:25, 26). Cristo es, en ver¬ dad, suficiente para los que creen. Los ojos del Padre descansan en El, y por amor a El somos perdo¬ nados, aceptados y restaurados.

Nuestro Abogado r el Paracleto es del todo suficiente-— Jesucristo el Justo está con el Padre como muestro Paracleto, y no necesita¬ mos de ningún otro, pues El es del todo suficiente. No precisamos apelar a ningún apóstol, santo, padre ni papa, ni tanrpoco a la Virgen-Madre. El lugar está com¬ pleta y eficazmente ocupado por el Señor Jesucristo. Toda preten¬ sión humana, sea de quien fuera, de interponerse entre el alma del creyente, y Dios Padre, en carác¬ ter de mediador o abogado, es su¬ perfina y falsa, y un acto de arro¬ gancia. El ministerio de interce¬ sión ejercido por Cristo, entroni¬ zado con el Padre, asegúranos

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siempre el derecho de llegarnos con confianza a la presencia del Padre. A todo aquel que pretenda hacernos hesitar, respondamos con firmeza: Tenemos un Para¬ cleto Abogado con el Padre, Jesucristo el Justo/’

(De “Leituras Cristas).

■UNA I N T E R E S ANTÍSIMA CARTA DE NUESTRO DE¬ LEGADO AL SINODO, SE¬ ÑOR PASTOR ENRIQUE BEUX.

Torre-Pellice, 17 de septiembre de 1924.

Señor E. Tron, Redactor de Men¬ sajero Valdense.

Estimado señor y hermano :

Le había prometido alguna co¬ rrespondencia para nuestro perió¬ dico acerca de mis impresiones de Italia y de la misión que en ella vine a cumplir por mandato de la Conferencia de la Región Río- platense. Recién hoy dispongo del tiempo y disposiciones debidas para cumplir mi promesa, siquie¬ ra parcialmente. Me limitaré a hablar de impresiones más bien superficiales, sin pretensión de emitir juicios que una mayor me¬ ditación pudiera luego condenar como erróneos.

Si bien es cierto que al volver a los Valles, después de una larga ausencia, se tiene la impresión de que todo es más pequeño de lo

que pareciera antes, sin embargo, bastan pocos días de estada entre estos montes para darse cuenta de la grandiosidad y majestad de ellos, encontrándose por doquiera panoramos que uno no se cansa de admirar. ¡ Cuántas veces y en lu¬ gares muy distintos, en los altos valles de Praly y de Mossel, o re¬ corriendo el de Angrogna, o pa¬ seando por los amenos collados de Prarostino o de San Giovanni, o en viaje para Pramol o Bobbio, me he parado para admirar, como nunca lo hiciera antes, las bellezas de los Valles Valdenses ! ¡ Cuán¬ tas veces pensé, en mis recorridas, en nuestros valdenses de América, para quienes esta patria de sus padres es completamente descono¬ cida, y en las impresiones que ellos recibirían si por algún po¬ der sobrehumano hubieran po¬ dido algunos de ellos, encontrarse a mi lado! No exagero ni confun¬ do : hay sitios horrísonos, sende¬ ros peligrosos, puebleeitos inde¬ centes; pero, con todo y a pesar de todo, me doy cuenta ahora, co¬ mo no lo había hecho en mi juven¬ tud, de la naturaleza atrayente de estos parajes, y no me extraño que sean miles y miles, cada ve¬ rano, los que vienen, de más cerca o de más lejos, a pasar siquiera algunos días en los Valles.. Al ver desde los balcones del “Convitto Valdese” de Pomaretto, las nu¬ merosas comitivas ele alpinistas que, a cada llegada del tren de Pinerolo-Perosa, caminan rumbo a los montes del Val S. Martino, pienso en que, hace 35 años, éra¬ mos, unos pocos jóvenes de Poma- ret, casi los únicos que salieran de

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vez en cuando para recorrer los montes, y se nos miraba un poco como extravagantes, mié ntras ahora es moda general.

Me he fijado en los trabajos de la campaña, y lie visto que son siempre los de antes, rudos y de poco rendimiento. Sin embargo, las condiciones materiales de es¬ tos agricultores han mejorado: no escasea el dinero, el pueblo se ali¬ menta mejor, y hasta cierto lujo se manifiesta en más de una ma¬ nera, pero especialmente en el vestuario. Una de las produccio¬ nes principales de los Valles, que ha sido fuente de grandes recur¬ sos en estos últimos años, está se¬ riamente amenazada : me refiero a la del vino. La más grave de las enfermedades de la vid, es decifí la “filoxera”, ha hecho su apari¬ ción en la mayor parte de los vi¬ ñedos, y no hay contra ella nin¬ gún remedio conocido. En ciertas regiones se podrán hacer otros cultivos, o renovar por completo los viñedos, aunque esto último re¬ sultará largo y costoso; pero hay otras que ciertamente quedarán desiertas, y entre éstas me parece que habrá que poner una gran parte de los viñedos de Pomaret. Asoma, pues, para una parte de los agricultores de los Valles una crisis que podrá traer en pos de serias consecuencias económicas.

Lo que más sorprende a quien vuelve acá, después de algunos de¬ cenios de ausencia, es el gran des¬ arrollo edificio, o sea, el número grandísimo de casas construidas, de tal modo que no creo exagera¬ do decir que han surgido más edU ficios en estos últimos treinta £

años que en dos o tres siglos pre¬ cedentes. Y, por lo general, son casas muy distintas de las ante¬ riores, mucho más bellas, ricas y cómodas; una gran parte de ellas en los pueblos o sus alrededores inmediatos, pero muchas también, y son las que dan mayor realce al paisaje, en puntos aislados. En dondequiera que uno vaya, con excepción de unas pocas parro¬ quias, se encuentran hoteles, pen¬ siones, villas, o siquiera algunos departamentos para veraneantes.

Otro lindo progreso realizado es el de la tracción eléctrica para el ferrocarril Torino-Torre Pellice y el tranvía Pinerolo-Perosa, y la iluminación eléctrica en las aldeas más importantes, y la consiguien¬ te aplicación de la energía eléctri¬ ca a la mayor parte de los esta¬ blecimientos industriales.

Quisiera poder decir que la gente me hace la impresión de ser mejor y más feliz que antes; pe¬ ro eso está lejos de la realidad: por doquier oigo quejas respecto de esto y aquello, referentes a to¬ dos los aspectos de la vida: polí¬ tica, económica, social, moral y religiosa, y uno tiene la impresión dolorosa de que por todo s lados amenaza algún peligro, que, por no estar de manifiesto, no se sabe cómo combatirlo. ¡ Ojalá que aque¬ llos que saben que ellos son lla¬ mados a ser “la sal de la tierra”, ejerzan siempre más su sana in¬ fluencia sobre la masa del pueblo valdense y sus conciudadanos pa¬ ra guiarlos, en estos tiempos de grandes incertidumbres, hacia las cumbres do resplandece la luz eterna del amor de Dios para con

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todos aquellos que ponen en El su confianza !

En otra próxima le daré, D. M., noticias de mi misión especial. Sa¬ lúdale muy cordialmente.

%/

E. Beux.

PENSAMIENTOS

A menudo pienso que en el Uni¬ verso hay miles de rutas para lle¬ gar a puntos distintos; en la vida sólo hay dos : la del bien y la del mal, y una sola que lleva al cielo: la del bien.

A veces, mecido por risueñas ilusiones, pienso que ia vida bue¬ na y pura es muy fácil; pero cuando llega la lucha contra las corrientes malsanas y viciosas, me doy cuenta cuán difícil es resistir a la corriente! ¡Sólo con Dios se es vencedor!

En mis horas solitarias pienso y repienso en mis actos del día. Entonces, ¡cuántas cosas quisiera horrar! ¡ Cuántos pensamientos que no quisiera haber pensado! ¡Cuán¬ tas debilidades que desearía cam¬ biar por actos heroicos! ¡Cuán bella y consoladora es entonces pa¬ ra la figura luminosa de San Pablo, aquel gran hombre de Dios que dijo: “No hago el bien que de¬ seo, pero el mal que no quiero.”

E. G . D.

SECCION DE LAS UNIONES CRISTIANAS

Tarariras, 9 de octubre de 1924.

Señor Adolfo E. Pevronel. Colo-

ni a Val dense .

Estimado señor:

i

Solicitamos de usted quiera pu¬ blicar en Mensajero Yaldense, en el numero del 1.a de noviembre, la siguiente circular, a fin de que el público quede enterado :

“Señor Presidente de la Unión Cristiana de Jóvenes de... Co¬ municamos a usted y por su inter¬ medio a la Sociedad que digna¬ mente preside, que se fijó, D. M., el día 20 de noviembre próximo, para la fiesta del canto. A no celebrarse ese día, será para el 27 de dicho mes, por lo cual la Comisión, en lo posible, lo comunicará. Dicha fies¬ ta se realizará en el salón social de la U. C. de Tarariras. Esla Co¬ misión cree que la parte oratoria y los coros, ocuparán el horario de 9 a 11 a. m. y de 2 a 3 p. m. Se empezará con el himno número 158 y se terminará con la doxolo- gía 13, cantados por la asamblea. La Comisión encomienda al señor Humberto Perracthón organizar y dirigir los juegos.

Por la Comisión :

Carlos F. Rostan, Presidente.

Humberto Davyt ,

Secretario.

340 MENSAJERO VALDENSE

PÁGINA INFANTIL

FIRMEZA

Es tarde ; tengo que volver a casa, dice la pequeña Estlier a sus amigas.

¡-AL, no, Estlier ; si apenas liemos empezado a jugar! ¿Cómo podríamos terminar tan protno?

Pero, ya sabéis que mamá ha¬ bló de una hora solamente y, por desgracia, esta hora hace rato que pasó. Y, además, no quisiera per¬ der el postre de esta noche.

—No temas nada : te voy a en¬ señar cómo puedes salir de apu¬ ros. No tienes más que decir al entrar: “Mamá, hemos encontra¬ do, cuando nos acercábamos a ca¬ sa, a nuestra maestra, que nos entretuvo más de una media hora.”

¡No! contestó Estlier, eso sería una mentira, y sabe muy bien que he prometido . . .

En efecto : algunos días antes, a una pregunta de la maestra : ¿ Queréis comprometeros a no mentir?”, Esther había contesta¬ do levantándose: “Sí, lo pro¬ meto’’.

CONSEJOS A LOS